En un sempiterno baile de dulzura,
porque es pastel cada silencio de tu boca.Es una danza cuasi bautismal.
El que te escribe los versos soy yo,
luego quizás,
un pobre regalado por los árboles.
Hace como mil siglos,
y dos o tres revoluciones en mi pecho
que me maduraron en el vientre,
tanto como a un hijo de posguerra,
crecido con la cruz y el latigazo.
Creo que no hay flores,
ni alfabetos,
ni valles floridos,
ni bosques de abetos,
ni frescuras de verano,
ni respaldos de invierno.
Hay algo certero,
nuestros cuerpos,
nuestras sombras,
presente y suelo.
El cielo siempre será el mismo.
El suelo,
cuidado con el suelo,
se distancia en inmensos mapas
e incluso pone mar por medio.
Nuestros cuerpos siempre
los mismos.
Las sombras,
cuidado con las sombras.
La mía le pidió a la tuya amor de hombres,
se unieron,
y al tiempo,
la vieron contigo,
montada en un coche blanco.
Será que muere por ti también,
será que yo y la mía
por ti morimos amando.
E.M.G
